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Miguel Ángel Tobías, es hoy un defensor de los derechos humanos, un cronista de las injusticias de nuestro Mundo. Una experiencia límite, cambió su filosofía de vida. Fue una dramática experiencia solitaria ocurrida en los Andes. Algo que trastocó para siempre sus creencias y su trayectoria personal.

Introducción:

Miguel Angel Tobías fue uno de los presentadores más populares de nuestra televisión en los años 90’. Famoso por sus colaboraciones en temas de salud y nutrición, muy pronto tuvo la oportunidad de dar el salto a la interpretación en series y programas donde cosechó un enorme éxito. Con la llegada de la década del 2000 su pasión por los viajes y deportes de riesgo, le llevó a participar en diferentes formatos televisivos, que le permitieron dar la vuelta al mundo y conocer lejanos territorios que ya forman parte de su bagaje cultural.

Pero lo que realmente cambió su filosofía de vida, fue una dramática experiencia solitaria ocurrida en los Andes. Algo que trastocó para siempre sus creencias y su trayectoria personal. Desde entonces ha seguido dedicando su tiempo a viajar, pero esta vez con una nueva perspectiva: la de dirigir y producir documentales como  “Gurba, la condena…” , “Sueños de Haití”, o “Rising Nepal”. Impactantes trabajos de carácter social, que definen a la perfección la persona que es hoy Miguel Angel, un defensor de los derechos humanos. Pero sobretodo un auténtico cronista de las injusticias que actualmente se producen en los lugares más remotos de nuestro planeta. La gran clave que queda por resolver es qué le ocurrió aquélla noche en la que su vida cambió para siempre…

EXPERIENCIA LÍMITE: UN ENCUENTRO CON LO IMPOSIBLE EN LA FRONTERA DE LA MUERTE entrevista a Miguel Ángel Tobías en el programa de Cuarto Milenio el pasado 05-02-2017

Miguel ángel Tobías, Periodista (director y productor):

Me marché en agosto de 2003, me fui con dos íntimos amigos, dos hermanos del alma que lo siguen siendo; de aquí de Madrid (España) a un viaje de aventura a Perú, hicimos el camino Inka, luego un rafting en la Apurímac y acabamos en Arequipa, y cuando te bajas en avión en Arequipa, la gente que ha estado es impresionante, porque te giras y vemos el Nevado Chachani (altitud 6 km. Cordillera de los Andes), al fondo, un pico de 6200 metros, y los tres que deportistas y aventureros, dijimos ya que estamos aquí porque no aprovechamos y subimos, como quien dice porqué no nos vamos a tomar un café. Una estupidez que cualquiera que hace montaña sabe que las cosas no se pueden hacer así. Fue una idea repentina, no prevista, no estaba planificado, no teníamos equipamiento, ni nada. Y yo reconozco que mientras les oía hablar del tema y mirar para arriba, yo sentí miedo. O sea tuve una sensación rara, interna de decir, no, yo no quiero subir ahí, pero como ellos dos se fueron auto convenciendo que sí, que sí, que sí…OK me miraron y les dije pues si queréis que subamos, subimos…Yo decía hemos hecho este viaje de aventura yo no me podía quedar en Arequipa en el hotel y que mis amigos se vayan a hacer de nuevo el Chachani y volvamos a España los tres, qué vergüenza, qué ridículo decir ellos subieron, y yo no fui.

Al día siguiente, 12 del medio día, nos fuimos en un llip, el guía, mis dos amigos y yo, hacia la falda del Nevada Chachani, cuando el coche se separó porque ya no hay oxígeno, el chófer dijo hasta aquí, mochilas y caminando. Con un frío temendo, mortal, que a esa altitud caminas como un viejo de 90 años. Y en un momento determinado a eso de las 5h de la tarda, en eso que el guía consideró, que aquí paramos, vamos a hacer noche, vamos a montar las tiendas de campaña, y esperar a las 4h de la madrugada del día siguiente a esperar y subir a la cumbre.

La temperatura en alta montaña cae cuando el sol se va de una manera muy rápida, de 20 – 25 sobre cero a 20 bajo cero, así que eran sobre las 6h de la tarde y se había hecho de noche, las tiendas montadas, muertos de frío…Mis dos amigos, tirados, vomitando en la tienda, del mal de altura, yo no sentía nada raro en el estómago, pero a las 7h de la tarde empecé a tener taquicardia. Entonces empecé con una taquicardia muy fuerte, que me asustó bastante, pero dije ok, tranquilízate Miguel Angel, que seguro que en unos minutos el corazón volverá a la normalidad, pero no volvía, no volvía, no volvía… y a las 7,30h (tarde)pensé que me tenía que ir de allí, entonces empecé a decirle al guía que yo me iba.

Descender una montaña de noche, sin luz, sin equipamiento, sin nada es una locura que no se le ocurre a nadie y el guía intentaba contenerme: -” Mira Miguel Angel, tanquilízate…quédate aquí”, sabiendo que eso era la muerte, él me lo confirmó luego, pero de hecho el guía dijo: – Mira, bajemos los cuatro, quedémonos juntos, intentemos bajar un poco los cuatro…” Mis amigos no se podían mover del suelo, le dijeron al guía que no, que bajase conmigo… Yo le dije al guía No, en alta montaña, cada uno toma sus decisiones, tú te quedas con ellos, así que cogí una de las tiendas de campaña, la del guía que era unitaria, me la dió y me dijo: -“Bueno, Miguel Angel, intenta bajar y donde te pares, échatela por encima, no intentes montarla, porque es imposible…, montar una tienda, que no conoces, que no es tuya y de noche sin luz…pero por lo menos que te proteja un poquito del frío”

Así que yo estuve caminando aproximadamente hasta las 10h de la noche, caminando muy, muy lento, yo no sé cuánto anduve, probablemente muy poco, porque claro, yo no sabía dónde pisaba, entonces ponía un pie en el suelo, aseguraba, volvía a poner otro, pisaba y volvía a poner otro.

La taquicardia se me fue como en 25 ó 30 minutos, probablemente del miedo que yo tenía hizo que el cerebro sacara la adrenalina…pero ya no sabía dónde volver, cuando ya no ves nada, yo había caminado 25 minutos mi idea era seguir caminando, bajando para ganar oxígeno y probablemente al bajar suba un poquito la temperatura.

Cuando ya decidí que ahí ya me quedaba parado, pues me acurruqué en el suelo, a esa altitud no hay vegetación, evidentemente, no hay animales, lo cual eran todo piedras, pues ahí me quedé; puse la tienda encima y empezó un infierno horroroso, tremendo, porque la lucha no es no morirte de frío, si no la lucha es contra ti mismo, porque tu cerebro lo que te dice es “duérmete y acaba con este sufrimiento” del dolor tan tremendo que provoca el frío, y por lo tanto tú tienes que estar diciendo: “no te duermas, no te duermas..”, cuando todo en tí te dice, duérmete y déjate ir, y acaba con el sufrimiento…

Esto es terrible, entonces decidí hacer un ejercicio, que fue empezar a contraer los músculos de la mano, el antebrazo, bíceps, tríceps, el hombro, el dorsal, el pectoral, haciendo un recorrido por todo el cuerpo, con dos objetivos: uno generar un poquito de calor, yo estaba así puesto, (posición fetal), pero sobretodo concentrado en algo que me impidiera dormir. Entonces era como si tienes que hacer un ejercicio que te obligue a estar despierto y a mantenerte despierto. Sé que me quedé dormido dos veces, sin poder evitarlo esa noche, porque dos veces yo sentí que una mano me tocaba en esta zona del cuello, no la piel, no por debajo de… si no noté por encima de la propia tienda, como un bulto, pero la digitalización de varios puntos que te están tocando, una mano.

Entonces en ese momento sentí y entendí perfectamente el mensaje, sentí claramente: Miguel no podemos evitar que tú estés aquí, libre albedrío, tú te has colocado en esta posición, PERO NO ESTÁS SOLO.

Tiempo después, me refiero meses después, me di cuenta, de que no solamente era el mensaje, si no de que la mano ya me había salvado la vida puesto que me había despertado. ¿Cómo sé que me había despertado?, porque cuando yo estaba haciendo este recorrido muscular, cuando la mano me tocó, yo tuve que volver a empezar por aquí (el principio), porque no sabía en qué parte del cuerpo me había quedado, con lo cual quiere decir que efectivamente me había dormido. Así que probablemente esa noche ya Alguien había decidido salvarme la vida, en esas dos veces que me despierta.

5h ó 5h y pico de la mañana, una de las veces que veo luz, siento evidentemente que he salvado la vida, no puedo explicar la grandísima alegría que sentí, porque luz significaba calor, con lo cual estaba vivo, pero es verdad que esa alegría me duró el tiempo que tardé en girar la cabeza 360 grados, y me di cuenta donde estaba, y en realidad estaba rodeado de picos de montaña en medio de los Andes, sin comida, sin agua, sin brújula, sabiendo que nadie me iba a venir a rescatar y luego diré porqué ni mis amigos iban a venir a rescatar, ni el guía tampoco, y me di cuenta que estaba muerto; y además sabía a qué hora me iba a morir y de qué…sabía que me iba a morir de entre las 7h y las 8h de la tarde de ese día, porque había perdido tanta cantidad de agua celular para mantener la temperatura corporal, que otra noche yo no iba sobrevivir a ello, con lo cual sé que el corazón se iba a parar, que iba a tener un shock hipovolémico, y en ese momento entré en DIÁLOGO DIRECTO CON DIOS, directo así y le dije: – “¡DIOS MÍO AYÚDAME!, POR FAVOR, SI EXISTES, AYÚDAME!” Es este ejercicio, es decir, necesitas que Dios exista, y creer que existe para poder pedir ¿no?…

Entonces la primera cosa que le pedí fue “QUE ME DIERA CLARIDAD MENTAL PARA TOMAR LA DECISIÓN CORRECTA.” Le dije: “Por favor, dame claridad mental”.

Y el primer pensamiento que tuve fue: “CAMINA EN LÍNEA RECTA”. Es verdad que la parte racional de nuestro cerebro, en ese mismo momento también me hizo decir: “bueno, cierra los ojos, gira 360 grados sobre ti mismo, y donde te quedes parado, sigues caminando…pero pensé: -le has pedido ayuda a Dios, le has pedido que te de juicio para tomar la decisión correcta, el primer pensamiento ha sido “camina en línea recta”, si Dios ya te ha escuchado, es porque Él ya ha decidido que tú tengas ése pensamiento donde estás, así es que sin girar y sin nada, seguí caminando en línea recta.

Pasaron unos minutos, como 20, 25 minutos y la siguiente cosa que le pedí porque me caía, iba caminando entre piedras, entonces le pedía literalmente: “QUE TUS HUEYAS SEAN MIS PASOS”…Y lo que le quería decir es que donde yo pusiera un pie, es que Él hubiera decidido que yo pusiera el pie, porque si me torcía un tobillo, me rompía una pierna, ahí se acababa mi viaje, entonces viví también una experiencia tremenda, y es que no sé cuántas veces me caí ese día, no las pude contar, pero todo el mundo recuerda lo que es un tentetieso, que tú lo intentas tumbar y se levanta como un resorte, pues yo tenía esa misma sensación, me caía con la mochila contra las piedras y me levantaba. O sea si yo ahora me tumbo en el suelo y me intento levantar, tengo que poner la mano, la rodilla, el pie como un mecanico, pero tengo la sensación de que caía, rebotaba y estaba otra vez de pie. Pero además no me hacía nada en los piernas, no tenía rasguños a pesar de que las piernas chocaban contra las rocas.

La siguiente cosa QUE PEDÍ FUE UNA SEÑAL DE QUE IBA EN EL CAMINO CORRECTO. Por supuesto aquí ya hay un diálogo interior que ya había iniciado terrorífico porque por un lado es el miedo a morir, literal, o sea es un miedo horroroso, a que te vas a morir, o sea estoy aquí sano, no tengo ninguna enfermedad, no me duele nada, no me he roto nada, estoy fuerte y te vas a morir Miguel Angel, te vas a morir dentro de unas horas, pero empecé a pensar en algo que todavía me dolía mucho más, me hacía muchísimo más daño, y es que veía a uno de mis amigos al día siguiente llamando a mi madre, y dándole la noticia de que su hijo había muerto, eso era insoportable.

Pero yo pido una señal de que estoy en el camino adecuado y a los 20-25 minutos de haberlo pedido veo en el horizonte, en la punta de mi nariz, un hilo de humo que sale del suelo hasta el cielo. Entonces yo pienso primero, -Miguel Angel es un espejismo, tu deseo de ver algo, te está haciendo ver algo, pero lo seguía viendo, entonces decía – bueno pues una nube que se deshilacha, entonces lo que vemos esa bruma hacia abajo, pero el cielo estaba azul, por todas partes, despejado.

Como no perdí la razón en ningún momento pensé: -Miguel Angel ahí no puede haber fuego porque las piedras no arden y no hay vegetación, y ahí no vive nadie. Yo decía- ¿Qué es eso? no puede ser, saliendo humo…Pero en este diálogo interno decía: – Miguel Angel has pedido una señal, ahí tienes la señal, sigue caminando…Con lo cual yo seguí caminando, seguí caminando, seguí caminando, iban pasando las horas, que ahora se me pasaban a la velocidad del rayo. O sea la noche fue eterna y ahora no quería que llegaran las 6h de la tarde porque significaba frío, oscuridad y la muerte.

Entonces en ese ejercicio de seguir caminando, caminando, a esto de las 3h de la tarde aproximadamente, ya llevaba caminando desde las 5h de la mañana, entré en otra fase, y me dije a mí mismo: – Miguel Ángel para qué caminas, que más te da morirte allí que aquí”, entonces me planteé:- siéntate, disfruta del calor y espera a que llegue la noche y mueres.” Pero a continuación después de pensar esto, en ese mismo instante pensé:- “No Miguel Angel, tú eres un guerrero, tú no vas a morir sentado, tu vas a morir caminando..”, de tal manera que ahí tomé el compromiso conmigo mismo de no dejar de caminar, aunque llegase la noche. Hasta que me cayese, me desplomase, me despeñase, o lo que fuese…y fíjate si lo tenía claro este pensamiento que “sólo espero que cuando encuentren mi cadáver, puedan darse cuenta y puedan ver que yo morí caminando, que no había muerto sentado, si no que había muerto peleando por salvarme”.

A las 3h de la tarde después de tener este pensamiento, me encomendé a Dios, en el sentido de aceptar mi muerte, ya le digo a Dios directamente: “- Mira si has decidido que muera, no tengo nada más que hablar contigo ya, ya nos hemos dicho todo, ya te he contado todo lo que necesitaba decirte, pero si por alguna razón has decidido salvarme la vida, si crees que ya he aprendido lo que tengo que aprender, si crees que ya he sufrido lo que tenía que sufrir esta noche, este día, como para aprender lo que necesito aprender, por favor envíame a alguien…”

Pasaron unos minutos, y en ese momento me tocaba una zona de subida, y yo veo algo como que se mueve, un puntito que se movía de izquierda a derecha, pero otra vez mi mente racional decía: -Miguel Angel no es nada, te has fijado en aquél punto y tú lo mueves…y como vas caminando entre rocas, eres tú el que te estás moviendo, aquél punto no se mueve..” Pero fue en aquél instante desde las 5h de la mañana en el que me paré un segundo, me dije: – párate, fíjate bien a ver si aquello se mueve.. Entonces qué me pasó? Que al quedarme quieto, llevaba tantas horas caminando en la montaña, que se me movía toda la montaña, por lo tanto, no conseguí ver si aquello se movía o no.

Con lo cual sigo caminando recto, sigo caminando, pero me seguía dando la sensación de que aquello se movía…entonces en un momento determinado, decido en vez de seguir recto, caminar en ángulo, porque digo a ver si realmente salgo y cuando yo llegue se ha movido, entonces, digamos ir en la misma dirección que eso que me parecía que se movía…busqué el encuentro con eso.

De tal manera que consigo llegar con 30 segundos de diferencia yo antes, a lo que es un camino de cabras, no porque haya cabras, sino un caminito de medio metro, por la erosión, la nieve en invierno, el viento… Y lo que llegaba por la izquierda era un Señor en una moto… un Señor Peruano, con el pelo blanco, muy mayor, con la ropa muy destrozada y en una moto, no sé qué marca sería pero como aquéllas montesas osas antíguas de otro tiempo y muy viejita, muy vieja la moto también.

Ése Señor se para y yo empiezo a hablarle y le digo: -“ Me acaba Usted de salvar la vida, estoy perdido desde ayer en el Nevado Chachani, estaba con dos amigos que he ido a escalar…”, empiezo a hablarle muy acelerado por la necesidad que yo tenía de hablar con alguien y el Señor no me contesta. Luego he pensado que probablemente no me contestaba porque yo no le dejaba…Y entonces el Señor no me dice nada y ya le digo:- “Señor, ¿sabe usted que és aqué hilo de humo?” , porque el hilo de humo seguía en el horizonte. En ese momento me habla y me dice: -“Sí, aquello es un almacen que lleva un mes en esa zona, porque van a empezar a asfaltar una carretera que une dos pueblos separados por 300 km., y llegan camiones de uno y otro lado que descargan grava allí, y se vuelven para cuando empiecen a construir la carretera, empezar desde los extremos al centro y desde el centro a los extremos”.

Y le digo al Señor: – “¿Cuánto tiempo tardaría en llegar allí caminando? “ Y el Señor me dijo:- “Unos 40 minutos”. Yo hubiera llegado a las 6h menos 10minutos de la tarde, aunque no hubiera aparecido este Señor de la mato a este almacén , con lo cual yo hubiera salvado mi vida, aunque no aparezca este Señor . Entonces me dijo:- “Sube que te llevo”. Me subo con él en la moto, que no cabíamos. No cabía él solo, los dos y la mochila era una cosa de chiste, vernos desde fuera supongo, pero llegamos al almacen y le digo:- “Mire no sé cómo pagarle, el dinero estaba en la mochila de mis amigos, no sé qué hacer..”.

Y el tipo, sin bajarse de la moto me dice:-“Yo estoy aquí, para esto. Entra, te vas a encontrar un pequeño altar, con una estampita de la Virgen de los mineros, entra y reza. Dentro de un rato vendrá un camión y te llevará para Arequipa”. Y el Señor se marchó por el mismo camino por el que me había traído hacia ninguna parte…por un camino que no va a nada, en una moto vieja, el tipo desapareció.

Llegué al hotel de Arequipa, me metí una ducha de agua caliente, me metí en la cama por esa sensación de decir estoy vivo y con calor. Y al cabo de un rato aparecieron el guía y mis amigos, abrieron la puerta, los tres estaban blancos, líbidos de verme allí. El guía me dijo:- Miguel Ángel, nos han dicho en la recepción que estabas aquí, pero necesitaba verlo con mis propios ojos. Yo sé que pasan muchas cosas en alta montaña que no puedo explicar, sé que tú no has salido solo de ahí, por favor necesito que me lo cuentes. Pero te tengo que decir que para mí tú eras hombre muerto, en cuanto abandonaste el campamento base, y que mi objetivo era volver con tus dos amigos vivos a Arequipa porque ya tenía un muerto en la expedición.” Así que le conté la historia en versión alargada y el tipo que tenía en esos momentos 40 años, no dejaba de llorar y llorar porque me dijo:- “Miguel Angel a partir de hoy yo ya no tengo ninguna duda de la existencia de Dios”.

Así que conseguí salir de esta historia, volver a España y cuando bajé en este diálogo que ya mantengo con Dios permanente, pues le dije: -“tú me dirás qué quieras que haga con esto.” Para mí era muy fácil por mi propio trabajo, bajar, dar una rueda de prensa, contar…pero yo no quería pervertir la historia, yo decía: -“ tú sabrás, dimé qué, cómo hago, qué hago…” Para hablar de esto, incluso qué quieres que haga con mi vida…porque yo sé que se me ha hecho el regalo de una segunda oportunidad y que por lo tanto estoy en comisión de servicio …”, pero no es nada especial, “todos estamos en comisión de servicio en este mundo”, la diferencia está en que unos lo sabemos y otros todavía no lo saben. Y no hay nada especial en cual es el servicio, de hecho mi madre que es un ser humano increíble desde que mis hermanos y yo somos niños siempre nos ha dicho de pequeños: “-Hijos el único objetivo de esta vida, la única Misión, es dar Amor y es para lo que estamos”. Entonces por mi trabajo, tomé conciencia de una forma muy clara, si fuera fontanero me dedicaría a arreglar grifos de personas que no tienen recursos, pero con mi profesión dije:- pues tengo que utilizar mis medios y mi profesión para elevar el nivel de conciencia de la gente, para hacer que la gente reflexione, para generar conciencia para que nos ayudemos los unos a los otros.”

Pregunta Iker Jiménez: – ¿El aprendizaje grande que quieres transmitir al público?

  • Sinceramente estoy aquí ahora contándolo porque he sentido, ya está, porque era el momento de hacerlo, porque evidentemente soy consciente de que va a haber muchos millones de personas que lo van a poder ver en el programa. Creo que estamos en un momento muy especial donde hay cada vez más gente que le da menos vergüenza de decir abiertamente que está detrás de conocer, de ver la transcendencia, de sentir que no estamos solos en este Mundo, que este es mi mensaje, realmente, mi mensaje es este: – “SOY CONSCIENTE DE QUE NO ESTAMOS SOLOS, DE QUE ESTO NO SE ACABA AQUÍ, Y QUE LE CONSIGUE DAR ESPERANZA O MOTIVACIÓN, DE HECHO A UNA SOLA PERSONA QUE LO HICIERA, PUES ME DOY POR SATISFECHO, POR EL HECHO DE HABERLO CONTADO. Y creo que era muy coherente hacerlo en tu programa, que eres una persona que siente profundamente lo que hace con una coherencia absoluta y seriedad absoluta ”

 

Entrevista a Miguel Ángel Tobías en el programa de Cuarto Milenio el pasado 05-02-2017 A partir del minuto 38’ aproximadamente:

http://www.mitele.es/programas-tv/cuarto-milenio/58974d95ca15da0b9b8b4771/player

 

 

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